(O un Anti-Edipo)
Hay todo este rollo edípico alrededor del día de la madre: a la madre, la intocable, la intachable, la casi inmaculada, hay que festejarle su día, llevarla a comer pollo a la brasa, sus papas fritas. Al día siguiente olvidarse y seguir tu vida.
La publicidad por el día de la madre siempre será igual. Apelan al bobo, al hijo que se va, al hijo malagradecido. “Todos pueden pasar, pero las madres serán para siempre”. A alimentar el Edipo. Paradójicamente, la publicidad, los encartes de ofertas, te llenan la cabeza con que le regales una lavadora o una lustradora a tu pobre y abnegada madre. No está bien que se gaste y malogre las manos lavándote las medias. Que lo haga con una lavadora al menos. Terrible.
Pero, claro, estos son los tiempos de la telefonía móvil, de la portabilidad, de los microbichos que llevas de aquí para allá. Entonces Claro apela al pequeño Edipo que todos llevamos dentro y te lanza lo siguiente.
Ya. ¿A qué cabeza enferma se le ocurre que voy a darle un celular a mi madre con llamadas y SMS gratis para siempre? ¿Acaso el publicista se llamaba Norman y se apellidaba Bates? ¿Acaso no ve el peligro de hacer eso? ¿Y a quién se le ocurriría comprar algo así a su madre? ¿Es suicida? ¿Sufre del síndrome de Peter Pan?
No, el día de la madre pasó.
Y se acerca el día del padre y no va a haber ni una publicidad así. Porque los publicistas tienen su Edipazo. Para compartir este espíritu festivo, los dejo con Woody Allen y Oedipus Wreck (de Historias de Nueva York).
De nuevo, no puedo quitarme la idea de la cabeza… ¿Alguien quiere darle un celular con llamadas y mensajes de texto gratis a su madre? Mejor regálate terapia.
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