
Alan García piensa en grande (Fuente: Brickstack Blockstack)
Sí, me gustó y lo dije ese réclame de la Cerveza Franca, en la que aparecía Miguel Iza diciendo “despierta”. La verdad, soy algo dormilón y a veces es bueno que alguien me diga “tío, no te duermas” (¿en tus laureles? ¿en el sillón viendo televisión?). El sueño de la razón produce monstruos. El sueño de la sazón aún más.
“Cuando te imaginas comunicador, no te imaginas filmando la boda de Juan Diego Florez”. Fuente: Útero.TV
Pero, ya, recojo y acepto muchas de las críticas que recibí (así soy de magnánimo, Jesús) y ciertamente ese rollo del “Sí se puede” tiene muchos límites. Para no caer en un blanco y negro innecesario (además de irreal, a mi parecer), este discurso aspiracional abre nuevas contradicciones, nuevas tensiones y por qué no, puede reproducir también viejas formas de discriminación y exclusión.

Freddy Ternero, promotor del “Sí se puede” y del uso de brazas ardientes dentro de los entrenamientos. Fuente: Noticia Local
Efectivamente, puede haber mucho de punche alrededor del discurso de autoayuda del “tú puedes”. El problema está cuando se cruza con una nueva forma de dividir a la población: por un lado los ganadores, los que sí creen (y claro, “creer es querer y querer es poder”), y por el otro los perdedores, los losers, los que dudan. Algo de eso ha salido con la propuesta (¿alucinada? ¿de verdad lo piensan?) sobre Lima como Sede Olímpica. Para muestra la opinión del Director del Comercio:
A algunos les ha parecido ridícula, otros hasta se han enfadado y la mayoría la ha tomado a broma; pero prácticamente nadie ha ignorado la propuesta presidencial de presentar al Perú como sede de las Olimpiadas del 2016. Sin embargo, esta carta no trata de las Olimpiadas o sus formalidades de fechas y sedes sino de la necesidad de pensar en grande. Desde que tengo uso de razón –y de eso hace muchas décadas– hemos recibido mensajes desmoralizadores con respecto a nuestro país. Se nos lo presentaba como un país sin futuro. Por supuesto que el Perú no está en condiciones de organizar las Olimpiadas del 2016, pero lo esencial, repito, es pensar en grande. Cambiar esa mentalidad derrotista para asumir el ’sí podemos’, porque solo con empezar a pensar en grande habremos dado el primer paso para lograr las metas que como personas o país debemos de empezar a plantearnos. Y no desquicio. (Carta al lector: Pensando en grande)
En la lógica del texto, los críticos tienen una mentalidad derrotista. Pensar en grande no es desquicio, porque por allí está el camino. Los de la mentalidad derrotista (Rosa María Palacios en su columna de hoy “Alan, el olímpico”, por ejemplo) van por el camino incorrecto. A mi, lo de la Sede Olímpica (más allá de la fecha de cierre), me parece chiste cruel, tomando en cuenta que cada cierto tiempo uno lee en los diarios cómo un ajedrecista (Julio Granda, Emilio Córdova, etc.) de competencia internacional debe financiar sus actividades.

Fuente: Choledad Privada
En esa lógica de los winners y losers, también aparece la publicidad aspiracional, como la de la publicidad de la Universidad San Martín (”No filmarás bodas ni bautizos…”) o de la Universidad San Ignacio de Loyola (”No sacarás copias…”). De frente al éxito, nada de cachuelearte ni ser practicante. Piensa en grande, sé un ganador. En el contexto descrito, el ser un segundón es algo digno de mirar con desprecio o lástima. Algo de esta “tentación del éxito” (opuesta a la tentación del fracaso de Ribeyro), la discutimos antes. ¿Por qué esta cultura del éxito tiene que excluir, crear marcas de distinción, separar? ¿No se puede construir una cultura de desarrollo individual que sea abierta a las diferentes maneras de “alcanzar un éxito”?
Pareciera que no, y que esta es una nueva condena en esta sociedad del perro del hortelano, donde los campesinos comuneros también son unos fracasados.
Más:
Felpudini, el director (El otro tambor)
Ser cholo (Útero de Tulita)
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