Más allá de las metidas de pata, creo que ya bastante señaladas aquí y en otros lados, más allá de los traspieses de ciertas personas, mucho más allá de eso.
Lo importante son las instituciones. Reconocer y defender la chamba de APRODEH y de las distintas organizaciones de derechos humanos que se la fajan a diario, no solamente en la capital, sino también en el interior del país.
Y reconocer que vivimos una etapa oscura, donde distintos actores vienen articulándose alrededor de lo que se viene llamando una megacoalición conservadora. Prensa, empresarios, fuerzas del orden, fujimoristas, congresistas de Unidad Nacional, gobierno aprista. Solo falta que le pongan el nombre.

De allí lo que sigue es rechazar el hostigamiento y el clima de miedo que está imponiendo esta megacoalición. La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza. Y un Gran Hermano que tiene mil ojos y mil oídos digitales. Y vemos como, además, las notas de “espectáculo” (léase el encarcelamiento de la modelo Angie Jibaja) y las policíacas (léase pandillaje, asaltos, secuestros, y mejor nadie salga de su casa) acaparan los medios. Nos han estado creando el ambiente para la terapia de shock en la que nos recortarán de la noche a la mañana nuestras libertades.
Mañana seguirá el resto de organizaciones de derechos humanos y las ambientalistas.
Si querían saber cómo era eso de la receta para acabar con el perro del hortelano, lo estamos viendo.
En vivo y en directo.
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