“Mis palabras expresaban lo que siente todo soldado que ama a la patria”
Edwin Donayre
“Aterra imaginar a ese señor [Donayre] como una suerte de rector, de maestro sagrado”
Jorge Eslava
Lo de Donayre es más complejo que todo el rollo de la privacidad. Como con los Vladivideos es como que tenemos que verlo, ser testigos de un registro como para despertarnos y decir “ah, verdad”, cuando esta clases de chistes o bromas privadas (con los chilenos, por ejemplo), son pan de cada día. Más grave, pienso, es cuando lo privado se institucionaliza o se vuelve natural. Como dice Donayre, “lo que siente todo soldado”.

Quiero copiar aquí íntegra una carta de María Lita Vargas, una crónica de Andahuaylas, de hace unos días no más. Un “back to the past”. Hay cosas que no cambian y donde lo de Donayre es solamente la punta de un iceberg bien complejo:
Hace unos días estuve en Andahuaylas. Caminaba por la calle a eso de las 8 de la noche con una compañera de trabajo de allá. Habíamos acordado reunirnos en una taberna en la plaza de Armas y hacia allá nos encaminábamos.
A mitad de camino sentí un rumor que se acercaba, yo, limeña, lo primero que asumí es que se estaba iniciando un fuerte temblor. Lo que se acercaba era un escuadrón de cerca de 50 soldados que habían tomado la calle y a paso de trote, supongo regresaban al cuartel. No se si pueda graficar el miedo que sentí cuando al pasar escuché a quien los dirigía diciendo: ¿Qué queremos? A lo que 50 voces mientras avanzaban, gritaban: “Guerra, guerra”. ¿Qué queremos? “Sangre, Sangre, Sangre”.
Estoy segura que si hubiera estado sola, hubiera tocado cualquier puerta para que me cobije, felizmente, estaba acompañada, lo que no impidió que un sudor frío me recorriera y me pusiera a llorar.
Me pregunto ¿Con qué derecho mujeres, niñas, niños, hombres, los habitantes de esta ciudad, deben aguantar este reino del terror? ¿Será así en otras ciudades? ¿No fue suficiente que vivamos más de veinte años de violencia extrema para que en una demostración de poder estos hombres continúen sembrando el miedo?
Hay un agravante, me dijeron que algunos ¿o muchos? de estos soldados fueron antes escolares desadaptados o problemáticos y que como una “alternativa”, sus familiares los mandaron al cuartel. ¿Qué pasará el día que tengan un fusil en las manos? ¿Qué pasará cuando se sientan con el poder para cumplir sus deseos de sangre?
Al día siguiente trabajé en un taller sobre derechos humanos y mientras hablaba de la importancia para los seres humanos de lograr una vida digna, me seguía martillando en la cabeza que para algunos grupos, lamentablemente, los derechos humanos siguen siendo una cojudez. Al llegar a Lima me encontré con las declaraciones de un general y todo lo que vino después y definitivamente no es justo que, pudiendo crear las bases para construir un mejor país, sigamos caminando en la ruta del miedo. (¿Bomba de tiempo?, María Lita Vargas).
(Cuotas de sangre: Tan lejos y tan cerca de Sendero Luminoso. Martha Chávez tenía una idea parecida)
Ah, el 10 de diciembre es el día internacional de los derechos humanos. Verdad. Cualquiera se olvida.
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