(Para las cuestiones legales, ayer las exposiciones de Rosa María Palacios, César Nakasaki, de Laura Bozzo y ahora también la del Dr. Godoy en Desdeeltercerpiso.com, exponen mucho del tema complicado sobre Medina y la sentencia a 5 meses de cárcel efectiva. Aquí me interesan otras cosas: El detritus de la información).

Entre las varias cosas que dijo Magaly Medina al ser llevada enmarrocada a Santa Mónica, hubo una que debería llamar la atención:
“Todos los Gobiernos me han utilizado como cortina de humo”.
Uhm. “Todos los gobiernos…”
En efecto, el fenómeno Magaly surge hacia fines de la década de los noventas. Eran los tiempos de la arremetida fujimorista, de la producción de contenidos desde las oficinas del Servicio de Inteligencia, y del surgimiento de todos esos periódicos que fueron llamados “chicha” (1).
Fue la estrella del canal tomado por los hermanos Winter (gracias, de nuevo al gobierno de Fujimori y Montesinos). Los ampays de Magaly Medina fortalecían la matriz conservadora de la ciudad de Lima. Se convirtió (gracias a los rebotes de esa misma prensa, la del SIN) en la jueza de las buenas costumbres y la moral del star system (apodado, cachosa y despectivamente como “chollywood”).Una suerte de comisaria del pueblo en la revolución mediática promovida en Palacio de Gobierno. En un artículo de Carlos Iván Degregori que he citado varias veces, él comenta:
Magaly es mujer pero su moral es netamente machista, y no por azar opera dentro de El Canal (masculino) expropiado por el Gobierno para desarrollar con él una estrategia de doble entrada. Por un lado, los noticiarios y el programa Contrapunto se deshacen en loas al Gobierno y ataques histéricos a la oposición, incluyendo a la Defensoría del Pueblo e instituciones de vigilancia electoral como Transparencia, condenadas como parte de una supuesta “telaraña roja” (ni la guerra fría ni la caliente han terminado en el canal expropiado).
Por otro lado, maniobras de distracción y envilecimiento de las cuales el escándalo de las vedettes es sólo el más reciente y el más abusivo. No importa si este escándalo fue o no diseñado como un operativo psicosocial, una maniobra de distracción en época electoral. Porque es el conjunto de la programación el que, jugando en pared con más de media docena de diarios “chicha”, contribuye a crear un clima político y cultural de envilecimiento ciudadano. Y uno de los principales hilos que articula los distintos componentes de esta estrategia política mediática es el machismo.
De allí su salto hacia el lugar que ocupa como la periodista más poderosa fue casi directo. Magaly es el último rezago de los medios lúmpenez de los noventas (donde también sobresalieron los “cómicos ambulantes”, otros distractores de aquellos tiempos).
Tiene mucha razón Medina cuando dice que los gobiernos se aprovecharon de ella. Y ella ha sido muy agradecida, desde su casa en Miami, del favor mutuo.
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(1)Catherine Conaghan. Entre las amenazas y la complicidad el estado y la prensa en el Perú de Fujimori. En: Tuesta, Fernando. El juego político: Fujimori, la oposición y las reglas — Lima : Fundación Friedrich Ebert, 1999. También el capítulo sobre Medios de Comunicación del Informe Final de la CVR (que se puede leer todavía gracias al caché de Google, porque la página de la CVR no está funcionando en estos momentos).








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