Hay una justificada efervescencia en la red de bloggers que, de un modo u otro, ha impuesto una agenda en el Congreso de la República. Como comenté en un post anterior, las redes (que se sirvieron de medios electrónicos y también del boca a boca para difundir una idea concreta y delimitada) se movieron alrededor de la transparencia de cuentas de los congresistas y lograron visibilizar un problema determinado. La campaña, a mi gusto, llegó a su clímax.
Con Carlos Meléndez y con Andrea Naranjo, comparto una preocupación por el momento de la campaña, aunque también me gustaría discrepar. En efecto, siguiendo lo que dice el Jorobado en su blog, hay cierta idea de “política limpia” en el “adopte un congresista”, que me trae varios recuerdos de la época de las marchas y performances contra Fujimori: Manos Limpias, Lava la Bandera, etc. Lo visual fue muy atractivo, se logró levantar una consigna de la manera más gráfica posible y en cierto modo todo ello contribuyó a una acumulación de fuerzas hacia el punto final, la famosa Marcha de los 4 suyos (que no creo que haya sido determinante en la caída del gobierno de Fujimori, pero esa es otra historia). Aquí el tema es el día siguiente. A pesar de que algunos entusiastas (lo confieso, yo estuve entre ellos, pero me curé rápidamente) hablaban de “la política ya no es lo que era”, lo cierto que al día siguiente todos nos fuimos a nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras universidades. Acá creo que va a pasar lo mismo.
En ese sentido Andrea plantea que:
La adopción de campañas sobre la transparencia de gastos por parte de congresistas a través de organizaciones políticas utilizando redes virtuales de coordinación social daría rostro y participación aun más democrática y diversa a cientos de usuarios ciudadanos de la red (Las organizaciones políticas y la inclusión/alfabetización digital: el caso del adopta un congresista, Luna Antagónica).
Carlos va también por allí cuando dice:
Se trata de construir instituciones estatales y no de decir que no funcionan. Se trata de mejorar la representación, y por lo tanto de no confundir a la institución (el Congreso) con los ciudadanos que ejercen ineficientemente los cargos de representación (algunos congresistas). (La caviarización de la blogósfera, Jorobado de Notredame)
Uhm. Creo que hay algo de wishful thinking en ambas posiciones (divergentes además entre sí). Yo también comparto la preocupación de que el tema con los congresistas no es el tema de fondo, ok, que es necesaria la participación política (¿partidos? ¿ong’s?) y que con la participación ciudadana sin partidos no juega Perú. Pero creo que, por el momento, esto es lo que tenemos. Para empezar, estamos hablando de un smart mob (*) que se mueve dentro de un reducido espacio cultural/social de la ciudad (para empatar con un intercambio de ideas sobre Lima, de hace unos días). Es un tema además que no creo que movilice a mucho más actores, ya que, fuera de Lima existen otras agendas políticas.
Buscando el punto medio: Como no creo que ni un partido se coma el rollo de la transparencia en los gastos y como la cholósfera (con cariño) no va a convertirse en un partido (te lo pedimos, Señor), digamos que no hay que pedir segundos pasos (¿y si los segundos pasos ya no existen? ¿si estamos en otra fase donde lo otro no existe? ¿qué tal si no hay nada mejor que esto?). Que para esto sirven los blogs, para estos pequeños golpes. A lo empate contra Argentina. Como el gol de Vargas. Pequeñas alegrías para despertarse de buen humor. Es el reino de lo efímero, ¿recuerdan?
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(*) El término Smart Mob fue acuñado por Howard Rheingold, que definió antes las “comunidades virtuales” (fácil no la definió él, pero sí contribuyó a su difusión). El concepto Smart Mob es algo más preciso que “comunidad virtual” (que es más bien vago y etéreo, tal como se entiende habitualmente… a menos que, como yo, creas también que las comunidades son móviles, elásticas, heterogéneas y ecléctias) y hace referencia al funcionamiento de redes y memes para fines y objetivos precisos. La revista Time, hace unos años, recogió algunos casos de Smart Mobs, como las protestas contra la guerra en Iraq.


