En Argentina el fenómeno es similar. Toda la televisión (exagero) colgada del fenómeno mediático de moda, Bailando por un sueño, conducido por el incombustible Marcelo Tinelli. Televisión de serie B le llaman (también metatelevisión), porque no producen contenidos propios, sino que se cuelgan de los contenidos del programa ajeno. Que si los bailes fueron exagerados, que si el baile de de la barra (el “baile del caño”), que las nuevas parejas, que si fueron crueles los comentarios de los jueces, que si la Pampita. En fin.
Fuente: Bailando por un sueño.com.ar
No entiendo bien cuál es la fascinación que provoca el programa. ¿Son los soñadores? ¿La ficcionalidad del sueño y las estrellas? ¿La curiosidad por la vida privada ajena? ¿Hay alguna identificación entre el público y el soñador? No lo sé. Pero algo de eso debe existir.
Fuente: Radio Melodía
Entonces toda la televisión se ha colgado de estas historias ¿reales? ¿hasta qué punto lo que vemos es real y no ficticio? En un post lejano, ya añejo pensaba sobre esta ficcionalidad en las producciones realistas:
De nuevo, ¿el problema es el montaje, la actuación? Revisando entre mis notas, encuentro un artículo del New Yorker de Louis Menand, Nanook and me, sobre la tradición de los documentales. A raíz de las críticas del documental de Michael Moore (el firme, no Ocram) Fahrenheit 911, Menand rastrea en los primeros documentales (como Nanook of the North, filmado en 1914, pero exhibida en 1922) una práctica común en un género cinematográfico que se vende como un registro que “te muestra lo que no estaba estipulado que pudieras ver”. Supuestamente el documental se plantea a sí mismo como neutral, una visión de lo real. Pero, como se demuestra justamente con Nannook of the North, esta película es un fraude. Todo, el iglú, la cacería de morsas (que había dejado de ser una práctica entre los inuit para el tiempo del documental), etc., falso, montaje. (Laura and me)
El reality show juega con lo documental, pero no escapa del montaje, de la invención de héroes, de situaciones, editadas y presentadas para ser digeridas por el televidente. Eso ya lo vimos también en The Truman Show (señalada también como referencia de otras experiencias y otros medios, como, por ejemplo, el blog Busco Novia).
Más allá de la denuncia y el señalamiento de una conspiración cósmica contra el programa Enemigos Íntimos (donde un delirante Beto Ortiz señala que la defensa de Gisela es un complot que termina en la postulación de Lourdes Flores como candidata a la presidencia en el 2011, a través del programa Prensa Libre), nuestra realidad se ha vuelto intervenida, sino corrupta por el reality show del baile.
Como para olvidarnos de los temas de fondo por un rato.
También: Beatriz Sarlo se ocupa del tema, de los programas de TV que son “lo opuesto del Carnaval aunque sean una mascarada”
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