Fuente de la imagen: Útero de Marita
“La procuraduría del Ministerio del Interior y la Dirección contra el Terrorismo (Dircote) serán los organismos que definirán si el texto de Ciencias Sociales para el quinto año de secundaria de la editorial Norma contiene información que podría calificarse de apología a la subversión y, si fuera el caso, realizar las denuncias penales pertinentes contra quienes corresponda.” (Fuente: El Comercio)
La Editorial Norma saca su libro de Ciencias Sociales 5, para alumnos de secundaria. Es historia reciente, fresca, y por supuesto aparece información sobre los últimos años políticos y sobre el conflicto armado interno. Polémico. El libro no gusta al actual gobierno, sobre todo (me imagino) por la mención a las masacres de los penales del año 1986. Una ex-ministra de educación (en el gobierno de las masacres) acusa a un viceministro por el libro y que la policía investigue el libro y a ver si hace apología al terrorismo. La editorial deslinda cualquier responsabilidad.
(Recuerdo con mucho gusto mis libros de Historia del Perú de Pablo Macera. Didácticos y contando la historia nacional como un gran proceso. Crítico y lleno de preguntas al alumno, para que este vaya decantando su propia lectura de la historia. Nunca sobrarán este tipo de textos escolares).
No sé bien qué ha pasado acá. No sé cómo el Ministerio del Interior y la DIRCOTE terminan siendo los censores de la enseñanza de la historia del Perú. No sé por qué un libro de historia se convierte en un apostolado de condenas, como lo plantea también Luis Muñoz, secretario general del SUTEP. Luis Galarreta, del partido (¿sigue siendo partido?) Unidad Nacional afirmó inclusive que:
“Hay libros que he revisado y que destacan la buena intención de la reforma agraria de la dictadura de Velasco. Hay que dejar esa educación intervencionista“.
Es una suerte de revisionismo histórico, donde la historia reciente debe ser masticada primero por la policía y luego enseñada. Una historia con buenos y malos, quizá borrando hechos bochornosos como las muertes y desapariciones provocadas por las fuerzas del orden. Con senderistas malos malos y policías y militares buenos buenos. Donde inclusive, la historia de la reforma agraria (impulsada en el primer gobierno de Belaúnde, hasta que se echó para atrás) debería ser reescrita para que quede claro que cualquier impulso “invertencionista” sea rechazado.
(En Ayacucho, hace un tiempo, la Universidad de Huamanga develó una placa en la que recordaban la fundación de la Facultad de Ciencias Sociales. Entre los profesores principales se encontraba Abimael Guzmán, planteándose allí una disyuntiva de si sacarlo o dejarlo. Una disyuntiva abierta).
No creo que los alumnos sean tontos. No basta con decirles que la violencia es mala para que el alumno se convierta en una suerte de Alex de la Naranja Mecánica, luego de su “rehabilitación”. Si el país no tiene que ofrecerle, más que frustración y violencia, es evidente el camino que seguirá. No por gusto, se siente el componente joven en las protestas del sur peruano. Peor aún, como hemos repetido hasta el cansancio aquí, mientras tenemos un presidente que nos dice que pensemos en grande, paralelamente, hay deportistas como Karen Zapata, maestra internacional de ajedrez, que no puede ir a participar a un mundial de su especialidad, porque el país no invierte en sus jóvenes.
Creo que esfuerzos revisionistas (ocultadores, mejor dicho) de la historia, son en vano, porque finalmente, la realidad se impone. Batallas de la memoria, les dicen.
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Ps. Metieron a todos en un mismo saco. Generalmente, estos libros, tienen varios autores colaborando en partes específicas. Los que armaron la nota sobre el libro, no se dieron el trabajo de hablar con los editores, y creo, varios van a verse algo afectados por lo que no les corresponde.




