No estoy tan de acuerdo con Godoy, con eso de que la CVR dio voz a las víctimas y que presentó los hechos tal como ocurrieron, “de modo claro y directo”. Creo que la edición del Informe Final le dio mucho énfasis a las interpretaciones de la violencia política y poco a los casos concretos. El Informe Nunca Más de Argentina va por ese sentido, el del testimonio, y no tanto en la gran interpretación o “Gran Relato” (justamente, esa es la traducción del título de la versión “resumida” del Informe Final de la CVR) que busca ser este Informe, por demás incompleto en tanto se recogieron 17,000 relatos (en minúscula, si seguimos la lógica de la CVR) para aproximadamente 30,000 muertos y desaparecidos, esperándose recoger muchos más (sobre todo si tomamos en cuenta que se han calculado aproximadamente 70,000 muertos y desaparecidos).
Digamos que la opción “intepretativa” fue un camino que ha generado sus propias contradicciones, como la de poner énfasis en las distintas discusiones en las profundidades de la violencia política (las causas, las dimensiones de la violencia, las consecuencias sociales y políticas), pero que esconde la estruendosa voz de los testimoniantes. La escala de los cambios necesarios para seguir las recomendaciones del Informe Final es demasiado grande, y requiere un compromiso y alianza de muchos sectores. Por otro lado, la escala de los testimonios y los hechos, requiere acciones concretas, puntuales, de búsqueda de justicia y reparación concreta. Esto implica además velocidades distintas, miradas distintas. Creo que a veces nos preocupamos mucho por lo macro y poco por lo micro.
(Adiós Ayacucho, Yuyachkani)
Desde la pequeña a la gran escala. Por ejemplo, el caso de la recluta Sadith Raymondi, víctima de violación por un oficial del Fuerte Hoyos Rubio. La investigación y todo se encuentra en el fuero castrense y si bien es cierto ha recibido el apoyo del Ministro Flores Aráoz y del General Donayre, al parecer lo máximo que se puede aspirar en el Fuero Militar es que los involucrados se “vayan a su casa” (Donayre dixit). El caso de la recluta Raymondi pone en tela de juicio la jurisdicción del fuero militar, en tanto se ha cometido un crimen tipificado en el Código Penal. Interesante, porque actualmente se está poniendo en observación los fallos de la justicia castrense. En Argentina se ha avanzado mucho más, desapareciendo la misma idea de un Consejo Superior de Justicia Militar. Los crímenes, crímenes son y al fuero civil.
Como se ve, de la pequeña a la gran escala. Los testimonios recogidos por la CVR (y relegados a la sección de anexos) ofrecen un campo quizá más crítico aún que el propio informe. 17,000 testimonios que nos siguen interrogando y que merecen ser escuchados.
PS. Oscura también es la afirmación sobre el principal responsable de la violencia. El término correcto debería ser “responsable penal”, ya que cualquier muerte y desaparición de cualquier ciudadano es responsabilidad sobre todo del Estado peruano, ausente o incapaz de evitar tanta tragedia.
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