Fiona Apple cantando Across the Universe, OST de Pleasantville.
En su último post, sobre las inexactitudes del reportaje de la Ventana Indiscreta alrededor del caso de Melissa Patiño, Ocram dice:
Al contrario que la mayoría de mis desaforados comentaristas, no creo que se esté viviendo una ola de represión ni una persecusión macartista, no exageremos. Navaja de Occam: la explicación correcta es la más simple. Y lo concreto es que la Policía capturó a Melissa y la presentó como terrorista. ¿Por qué? Porque el gobierno está aterrado por su propia imagen ante el mundo durante las cumbres. Entonces la Policía necesita mostrarle cabezas a sus jefes. (Más Melissa, Útero de Marita)
La temida Comisión McCarthy dejó una impronta muy fuerte en el imaginario. La idea de una Comisión parlamentaria, creada por ley, que rija las buenas y malas costumbres y la defensa de un modo de vida, ha quedado impregnada en todos nosotros. Esta imagen de hecho fue anticipada por Orwell en su 1984. Los comités vigilantes de las buenas costumbres aparecen también en V for Vendetta de Alan Moore y Daniel Lloyd (que podría no ser otra cosa que una visión de la Inglaterra de Margaret Thatcher).
¿Qué es lo que tenemos en el Perú? Ya se ha discutido si lo que hay en el gobierno es (1) una alianza aprofujimorista o (2) una coincidencia programática entre varias tendencias: una derecha conservadora, el fujimorismo, apristas, etc. Para algunas cosas están todos juntos en fila, en otras solo algunos. A falta de mayores evidencias, todo apunta a esta segunda opción: coincidencias que funcionan como consensos para algunas cosas (como posiciones frente a políticas económicas o de derechos humanos) y tensiones en otras (como lo último que vimos con el “caso RBC”).
Pienso que justamente son coincidencias coyunturales pero con ciertos consensos alrededor de una o dos ideas fuerza: La primera, la idea de un crecimiento sostenido alrededor de una economía basada en la exportación de bienes tradicionales y una disciplina fiscal férrea. La segunda es la idea de un gobierno autoritario, fuerte y presidencialista. Esta tendencia del presidencialismo además es extendida en otro tipo de gobiernos (desde Chávez hasta el propio García), donde las instancias como los parlamentos pierden poder frente a las oficinas gubernamentales y sus redes globales (ver Saskia Sassen para ahondar un poco más). Esto no es una buena combinación. Las opciones para que García se “suavice” o se “democratice” son cada vez más escasas.
Dentro de estas coincidencias también entran algunos periodistas que “se la juegan” por estas ideas fuerza. Ese jugársela incluye, por ejemplo, pasar un reportaje realizado y editado por la Policía Nacional del Perú, como lo hizo César Hildebrandt Chávez. O que se acuse de terroristas a los defensores del medio ambiente, como ocurrió con los organizadores de la consulta vecinal de Piura. Pueden seguir varios y varios ejemplos.
Esta megacoalición reaccionaria (como la llama Juan Luis Dammert), encima, con un año de cumbres mundiales (”los ojos del mundo están sobre nosotros”, dicen) no van a querer mostrar un país para colmo plural, donde la gente se queje. Ese cuento ya lo conocemos. Cumbres, empresarios y Alan García nunca son una buena combinación.
Está bien, no hay una comisión parlamentaria ni listas negras oficiales. Aún. No es macartismo.
Pero se le parece harto.
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