
Escena uno:
A las feministas les está ocurriendo lo que a los homosexuales: han empezado a aburrir. Y esto que feministas y homosexuales integran los grupos de presión no económicos más poderosos del país. [...]
Aburren las señoras que habrían fusilado a Freud por aquello de la envidia in extenso de ese apéndice siempre disputado. Aburren las señoras que aman a las señoras y que representan dizque al género que parecen detestar. Aburren las lesbianas quejándose muchas veces de algún agravio imaginado. Aburren las locas de la diplomacia, las aerolocas de las líneas de aviación, las locas rencorosas con poder mediático, las locas fruncidas que tuvieron poder. Y no hay que ser homófobo con pistola al cinto para decir que la dictadura gay que hoy se impone en buena parte de la prensa mundial es tan repulsiva como lo era la dictadura machista a lo John Wayne. Entre locas cada vez más poderosas y feministas con cara de camionero haciendo fila para el almuerzo, vamos a empezar a creer que ser modestamente heterosexual, que desear al otro sexo, que aspirar a la mujer de tu prójimo, es un pecado contranatura y una carencia de sofisticación. Ser hétero ya casi da vergüenza.
Porque ahora nos han convencido de que prácticamente lo mejor que puede sucederle a un niñito (a) es tener dos papis con pichula bajo la misma ducha o dos mamis al hilo meciéndole la cuna a cuatro manos. Ya está bueno. (Columna de César Hildebrandt, hoy)
Escena dos:
Las profesoras Marina Cho, jefa del Departamento Académico, y Silvia Quintero, responsable de periodismo escrito, me llamaron el martes último para informarme que habían recibido quejas de un grupo de alumnas. ¿Quejas sobre qué?, pregunté. Luego se me cambió la versión. No eran alumnas las quejosas sino padres de familia, supuestamente inquietos por la opción sexual de la profesora de sus hijos. Se me mencionó también que habían recibido correos electrónicos anónimos, presumiblemente de padres o alumnos, contrariados por haber encontrado detalles sobre mi vida sexual en Internet. [...]
Cho y Quintero manifestaron que había personas intolerantes, conservadoras, pero que ellas respetaban la opción sexual de su personal. Sin embargo, para evitar problemas, lo más conveniente era una salida salomónica. La salida era que renunciara o que me dedicara a elaborar manuales para periodismo, tarea que -por cierto- presentaron como muy interesante. Seguro que lo es, pero a mí me contrataron para dictar clases, no para realizar trabajos administrativos o para elaborar manuales. Porque justamente pienso en grande -como dice el comercial de la San Martín-, no acepto premios consuelo y rechazo, desde aquí, que se me haya pretendido apartar de las aulas por ser lesbiana. (Disculpen, soy lesbiana, Esther Vargas, hoy).
De hecho que me solidarizo con Esther Vargas, que por suerte no fue despedida de la Universidad referida (me imagino que el escándalo hubiera sido mayor todavía si eso ocurría). Hildebrandt desconoce además que en la pelea por la Ley de Igualdad de Oportunidades (llamada irónicamente, LIO), terminó con la invisibilización de los derechos laborales de la población homosexual, bisexual, etc. Susel Paredes en una entrevista realizada el año pasado lo dijo bastante bien: “la ley dice que se elimina la discriminación por sexo, pero no por orientación sexual”.
Con todo ese contexto, es más que irresponsable el artículo totalmente snob de Hildebrandt publicado hoy. Irresponsable y falso.
Más: Artículo completo en el blog de Esther Vargas y varias muestras de solidaridad. También, entrevista a Esther Vargas en Útero.tv.
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